lunes, 13 de junio de 2011

Efímero.

Siempre escribo mal tu nombre.
La nostalgia de mi involución,
rimbombante en contradicciones.

Nunca he podido saber, realmente,
qué tanto te amaba
como para confiar que me hayas dejado
en la entrada del pasaje en donde vivo.


El baile de tu rudeza irónica entona mi hambre,
es esa ebriedad en mi que hace un ferpecto
(no perfecto)
 recuerdo de ti.
Es el vino tinto que tiñe de granate mis labios,
es tu sonrisa la que desequilibra lo marchito.

Una guillotina me sigue,
acobarda
mi
su
nuestra
carne.
Pueblo, canto,
vida, risa, llanto.

Selvas salvadoras,
agonizante de perpetuidad,
reclamo mi inmortalidad.
Opio de amanecer,
paradoja del entender.
Amor naciente por desencuentros,
tediosa e insensible por tu olvido.


Más basta decir.
Fea e iracunda como parche crudo.



Mastican rabia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario