La carroñera policía sigue amedrentando ante cualquier error.
Esperan la putrefacción
de las quemaduras para atacar y atentar
contra cualquier mujer u hombre de hierro.
Mártires no somos,
víctimas de la contemporaneidad tampoco.
Levantándonos estamos,
jugando a ser felices,
amando como nunca.
Revueltas nacientes de subversión.
La primavera volverá con su venganza,
el otoño no descansará,
tu memoria siempre viva estará.
Nuestras gargantas claman desgarradas,
el puño alzado continúa,
con nuestra belleza singular,
con la sonrisa sincera poco rítmica,
iluminando las vitrinas,
como mujer de cuerpo lúdico,
como hombre de manos anchas.
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